Ciudades de Portugal









Durante los siglos XVIII y XIX, los hombres de Viana do Castelo partían al mar o emigraban a Brasil en busca de fortuna. Las mujeres que se quedaban gestionaban la economía familiar. Con las ganancias compraban piezas de oro puro (como los famosos Corazones de Viana). Este oro no era solo estético: era el seguro de vida real de la familia si el marido moría en el mar. Hoy en día, esta historia real se recrea cada mes de agosto en el impresionante desfile de la Romaria de Nossa Senhora da Agonia, donde las mujeres caminan con orgullo luciendo kilos de oro real sobre el pecho.

El oro del traje de la minhota (el traje tradicional de la región del Minho, en el norte de Portugal) representa el dote, el estatus social y el patrimonio de la mujer rural. Más que una simple decoración, estas joyas de oro puro (tradicionalmente de 19.2 quilates) funcionaban como la hucha económica de la familia y una exhibición de orgullo e independencia femenina.

El Corazón de Viana es símbolo que representa a esta ciudad en todo el mundo, es ese colgante de oro con forma de corazón invertido y una corona en la parte superior. Aunque hoy es una joya de moda, su origen real es fascinante: Nació a finales del siglo XVIII por orden de la reina Dona Maria I. Para agradecer el nacimiento de su hijo varón (el futuro rey), mandó fabricar una joya en oro con forma de corazón, coronado por la llama del “Sagrado Corazón de Jesús”. Con el tiempo, las mujeres del norte de Portugal (las Minhotas) adoptaron este diseño. Lo curioso es que, a diferencia de otros lugares del mundo donde el corazón representa el amor romántico, en Viana do Castelo el corazón de oro representa la fe, la honestidad y el orgullo de la mujer trabajadora.


En el año 138 a.C., las legiones romanas comandadas por el general Décimo Junio Bruto avanzaban en la conquista de la península ibérica. Al llegar a la margen izquierda del río Lima, los soldados quedaron tan maravillados con la belleza idílica del lugar que se negaron a avanzar. El miedo: Los soldados creyeron firmemente que aquel era el legendario Río Lete (el Río del Olvido de la mitología griega). corría el rumor que quien cruzara sus aguas olvidaría para siempre su propio nombre, su patria y su familia. La estrategia: Para demostrar que todo era una superstición, el general Décimo Junio Bruto decidió cruzar el río solo a caballo, y desde la otra orilla, empezó a llamar a cada soldado en voz alta y por su propio nombre.

Desmentido el mito, las tropas recuperaron el valor, cruzaron el río y continuaron su campaña militar. Más tarde, los romanos construyeron allí la base de la icónica puente de piedra. Hoy en día, quien visita la villa puede ver este momento inmortalizado: hay estatuas de soldados romanos de metal en la margen izquierda mirando hacia la margen derecha, donde la estatua del general a caballo los llama.